“Ante algo así puedes ser un plomo que se hunde o un corcho que sale a flote en mitad de un temporal”

Entrevista a: Eladio Herranz  /  Por: Luna Muñoz Anula

Con la rebeldía propia de aquellos 19 años en los que una curva interminable cambió el horizonte de su vida dejándole tetrapléjico, Eladio Herranz fue reconstruyendo su puzle vital a través de una personalidad en la que reina la perseverancia, el humor y la sencillez. Hoy, 30 años después, vive la vida adulta que soñó desde la satisfacción de sentirse independiente, realizado y con las ideas claras, con la psicología y la interpretación como dos de sus principales bazas.

Eladio, han pasado 30 años desde que tuvo lugar el accidente de moto que desencadenó tu lesión ¿sueles echar la vista atrás o da cierto vértigo pensar en todo lo vivido?
Cuando has vivido algo doloroso, echar la vista atrás puede suponer un trauma que te bloquee, pero también un impulso para seguir adelante. En mi caso, prefiero pensar en lo mal que estuve los primeros meses para valorar todo lo que recuperé después. Por eso, pensarlo no sólo no me da vértigo, sino que me ayuda.

A lo largo de estos años has publicado dos libros (“El tercer día” y “Diario de un rodante”) en los que relatas tu experiencia para recordarla y ayudar a otras personas en tu situación y desde una visión intimista, natural y muy amena. ¿Qué mensaje fundamental entraña el relato?Para los que acaban de entrar en este mundo, el mensaje sería «no te hundas, hay vida más allá de lo que estás viviendo ahora”. Pero estos libros no están dirigidos solo a ellos, también a sus familiares y amigos y a veteranos que quieren reivindicar su diversidad con orgullo, a los profesionales que trabajan en este campo, a los jóvenes que están creciendo como lo hacía yo cuando tuve el accidente, a las personas que atraviesan una perdida -aunque sea de otro tipo- y a cualquiera que sienta una chispa de curiosidad. Para todos ellos hay mensajes en estos libros.

En tu caso, llama la atención tu determinación -desde el minuto uno del accidente- de quitarte de la cabeza el ¿y si? Es decir, lo que pudo haber sido y no es. ¿Crees que se trató de una actitud de pura supervivencia frente a lo que venía?
Posiblemente, ante algo así puedes ser un plomo que se hunde y arrastra a los que hay a tu alrededor, o un corcho que sale a flote en mitad de un temporal. No es solo una cuestión de actitud, las circunstancias de cada uno y el entorno también influyen mucho. Por eso, si alguna vez pensé «¿y si no hubiera cogido la moto?», después pensaba que también podría haber muerto ese día. El vaso nunca está lleno ni vacío del todo.

¿Sabrías decirme qué pensamiento ha sido el más recurrente en estos años para seguir adelante?
«Estoy vivo”.

¿Cómo describirías tu paso por el hospital y la clínica en la que ingresaste tras el accidente?¿Qué te aportaron?
Me hicieron descubrir un mundo que no sabía ni que existía y que quiero dar a conocer. Me aportaron apoyo, aprendizajes personales más allá de la discapacidad, empezar a recuperar la autoestima que había perdido y ampliar la perspectiva más allá de la que tienes cuando eres adolescente.

Después de 10 meses hospitalizado y de sentir -tal y como relatas en uno de tus libros- que «tu mundo se iba reduciendo a los extremos de tu cama», salir de aquel centro en el que te tratabas, ¿fue una liberación o tu mayor reto?¿Qué sentiste?
Ambas cosas. Cuando estás en el hospital quieres irte a tu casa, pero al mismo tiempo estás muerto de miedo porque no sabes cómo te las vas a arreglar en tu nueva situación. En este sentido, las salidas progresivas de fin de semana y todas las explicaciones que puedan dártelos profesionales pero también los veteranos, ayudan muchísimo. Cuando después te sientes más seguro, ir a casa es una liberación, comenzando por algo tan simple como tener el mando de la tele (risas).

¿De dónde sacaste esas fuerzas y qué ha sido lo más difícil a partir de entonces?
Poco a poco, te vas viendo más seguro, hasta querer hacerlo por ti mismo y así decidir dónde ir y con quién estar. Cuando te ves tan dependiente, lo que buscas por encima de todo es recuperar las riendas de tu vida, tu capacidad para decidir, la libertad, esto fue lo que me dio más fuerzas. Lo más difícil en la calle fue enfrentarme a las barreras arquitectónicas, que antes ni veía y que limitan tu libertad, recordándote continuamente la discapacidad.

Si tuvieras delante al Eladio de antes del accidente, ¿qué le dirías?
¡Cuidado que vienen curvas! (risas).También le diría que está a punto de entrar en un túnel muy largo y muy negro, pero que siga adelante y encontrará la salida. Que todo lo verá mejor con los años, que no se preocupe, que se ocupe y se esfuerce por seguir avanzando, que para caminar lo importante es hacer camino y que no importa si lo haces andando o rodando, que lo que ahora cree que es fundamental verá con el tiempo que son chorradas y que está a punto de aprender qué es lo fundamental, que no es verdad que la vida sean solo dos días, aunque igualmente hay que intentar disfrutar de cada uno de ellos.

¿Crees que el Eladio de hoy, en esencia, dista mucho de ese chaval de apenas 20 años?
En parte sí y en parte no, como todos supongo. En este sentido, creo que influyen más los años vividos que la discapacidad en sí. Pero la esencia es la misma. Al principio hablaba siempre de mi vida antes del accidente como si fuera «otra vida». Hasta que un día cogí fotos mías, de pie y en silla, y las colgué todas juntas en la pared de mi habitación y me dije: «Este soy yo, sigo siendo yo».

En ‘El tercer día’ hablas de una teoría a la que denominaste ‘Teoría del beneficio potencial de lo negativo’ para describir la forma en la que los contratiempos y retos te han aportado más bienestar que el que tenías antes. ¿A qué dirías que se debe en tu caso?
A ver, para que no haya malentendidos, ir en silla de ruedas es una mierda, no se lo recomiendo a nadie (risas)pero si te toca, ¿qué vas a hacer? Hay un dicho que dice: «Si la vida te da limones, haz limonada.» Y eso es lo que he hecho. También influye el momento en el que te pase. Yo recién iniciaba mi vida de adulto y en ese sentido tengo ahora más independencia que la que tenía entonces. Pero también me ayudó a ver qué es fundamental en la vida y qué es superfluo y esas gafas para ver lo esencial me las ha dado la discapacidad, aunque si puedes llegar a ello sin tener que pasar por esto mucho mejor, claro. Esa ha sido otra de las motivaciones para escribir el libro. Ayudar a ver más allá sin tener que pasar por esto.

Fuiste avanzando y dando pasos de gigante con el tiempo hasta llegar al punto en el que hoy te encuentras, habiendo cumplido sueños importantes en los que mantienes la psicología y el teatro como dos grandes puntales y viviendo de forma independiente, ¿de qué te sientes más orgulloso?
Quizás, de lo que me siento más orgulloso es de haber llegado a ser un profesional en el campo de la psicología y de tener una vida independiente, más allá de mi discapacidad física. Reconozco que en parte he tenido suerte, al ser una vocación que puedes desarrollar independientemente de si vas sentado o de pie y también he tenido el apoyo para poderlo conseguir, si bien me podría haber apalancado y no lo hice. Aunque también estoy contento de haber aprovechado las oportunidades que me han dado para cumplir mi sueño de actuar, cuando pensaba que no podría volver a hacerlo. Pero también te digo, y esto es muy importante, que no tendríamos que compararnos entre nosotros ni dejar que nos comparen los demás por esto. Por más que muchos vayamos en silla de ruedas, cada cual tiene sus circunstancias y no sería justo hacer esas comparaciones, igual que es absurdo comparar lo que hagan dos personas, simplemente por el hecho de que ambas anden con los pies.

Hay una frase reveladora que incluyes en tu libro ‘La silla la llevo debajo del culo, no en la cabeza’, ¿sientes que falta pedagogía, información o empatía por parte del conjunto de la sociedad en el tema de la discapacidad?
Absolutamente y hacer pedagogía es otro de los objetivos de estos libros, recordar a la sociedad que no somos «discapacitados», que ante todo somos personas. Aunque esta frase va más dirigida a los propios que vamos en silla, especialmente cuando empezamos, para recordar que nuestro valor va más allá de esta circunstancia.

¿Cuáles son tus próximos retos o aspiraciones? ¿Para cuándo tu tercer libro?
La verdad es que no tengo pensado escribir un tercer libro, porque ser escritor nunca fue mi voluntad, sino la de compartir mi experiencia y la de otros muchos que también explico, además de las reflexiones y aprendizajes que he hecho «por el camino». En ese sentido, siempre me ha gustado compartir lo que aprendo y aprender también de los demás. Pero bueno, nunca se sabe… Por lo pronto, el proyecto que sí tengo en mente y deseo mucho poder realizar algún día, es el de escribir un musical de esta historia y verlo montado. De siempre me han gustado mucho los musicales y este es un sueño que quiero hacer realidad.