Por si fuera poco…

Por: Vicente Orts

Después de conocer el COVID-19 ya pensaba que la cosa estaba complicada. Restricciones, mascarillas, vacunas y más vacunas… Conozco personas que se han puesto las tres dosis y cada una ha sido diferente. Ahora oímos campanadas avisando de que se acerca una cuarta dosis, al menos para personas vulnerables.

Llegamos a 2022 y en estos primeros meses el COVID-19 ya ha pasado a un plano lejano. Tenemos subidas de luz, gasolina y comida, entre otras muchas cosas. Por si fuera poco, tenemos que escuchar a nuestros gobernantes decir cosas tales como que por la noche, estando tapados con la manta no hace falta poner la calefacción a más de 16 grados.

Quizá para una persona joven y sana no sea necesario, yo personalmente lo paso fatal con el frío, incluso llevo guantes dentro de mi propia casa porque hace frío y no pongo la calefacción más que lo justo debido al precio actual de todo, en general y de la electricidad en particular. Incluso he comprado un hornillo de gas para cocinar. ¡Adiós vitrocerámica!

Y es que estas cosas a quien más le pasan factura es a las personas vulnerables, como somos muchos de nosotros. Tengo amigos con pensiones ridículas que con estas subidas de precios les va a costar llegar a fin de mes. No quiero pensar lo que ocurrirá de aquí a final de año y en lo sucesivo.

Pero el colmo ya es la guerra de Ucrania, pensar en todas las carencias que pasamos en un país como este y ver a las pobres personas huyendo de la guerra, es cuando, de nuevo, nos damos cuenta de que lo más importante que tenemos son las cosas pequeñas.

Me gustaría hacer una mención al hecho de «hacer». Hacer algo por los demás de forma desinteresada es de un valor incalculable. No nos quedemos solo en el «decir» y pasemos al «hacer».

Es inevitable empatizar con esta circunstancia y pensar en cómo sería, desde la situación de cada uno, una vivencia tan terrible y sentir el sufrimiento que deben estar experimentando las víctimas de esta guerra, a todos los niveles. Empatizo muchísimo con esas personas que no pueden valerse por sí mismas y que ante las fauces de la guerra, ven cómo se quedan sin comida, medicinas, agua o calefacción, incluso no tienen ya una cama para poder descansar unos instantes.

Al final, los mandatarios mundiales tienen el arte de hacernos sentir afortunados teniendo un trozo de papel para poder limpiarnos el culo, mostrándonos y llevándonos a situaciones tan catastróficas como las que estamos viviendo ahora tan de cerca. Y es que, no lo olvidemos, la guerra lleva presente desde hace mucho tiempo, la única diferencia es que ahora, esta guerra, la tenemos en las puertas de casa, prácticamente.

Mis mejores deseos para la gente que sufre en el mundo, esperemos que la luz siempre siga brillando. Me despido con una frase de Marco Aurelio: “El mundo es una mutación continua: la vida, una imaginación.”
¡Hasta la próxima!