Andrea Pozo y Lesly Janeth, ganadoras del II Concurso literario Linde en el HNP

Lesly Janeth y Andrea Pozo. Ganadoras del II Concurso Literario Linde en el Hospital Nacional de Parapléjicos (Foto: Carlos Monroy)

Andrea Pozo y Lesly Janeth, pacientes del Hospital Nacional de Parapléjicos, han sido las ganadoras de la segunda edición del Concurso Literario Linde, celebrado en dicho centro hospitalario bajo la temática ‘El motor de mi vida’.

Así pues, Andrea Pozo ha sido la ganadora en la modalidad adultos, con su relato «Una nueva vida», mientras que el relato de Lesly Janeth, titulado «Cosas que nunca te conté», ha sido el ganador de la modalidad infantil.

Una nueva vida
Andrea Pozo

“El éxito en la vida no se mide por lo que logras, sino por los obstáculos que superas.” Dedicamos mucho tiempo pensando en lo que nos hace falta y casi nunca nos detenemos a recordar lo muchísimo bueno que poseemos, hasta que, de alguna manera algo marca un antes y un después en tu vida.

Entramos al pabellón, hemos entrenado muy fuerte, y sólo vemos a gente por todas partes, niñas que vienen de toda España a parar en Valladolid, a dar lo mejor de sí mismas, como nosotras. Se disputa el campeonato de España de gimnasia rítmica de conjuntos. Tras el día de entrenamientos oficiales donde vimos y probamos la pista de competición, y con un buen entreno, llegó el día de demostrar nuestro trabajo. Llegamos, subimos las escaleras del pabellón, estamos llenas de nervios, nos preparamos y nos ponemos a trabajar una y otra vez nuestro ejercicio hasta la hora de salir a competir. Llegó la hora, somos cinco personas que tienen que parecer una, y con sólo el apoyo de una entrenadora. Miramos hacia arriba y las gradas están llenas, era nuestro momento y tenemos que salir a comernos el mundo. Ya preparadas, nos nombran por megafonía “Actúa el Club Ritmo de León”. En fila, desfilamos hasta el borde del tapiz, y a la señal, todas juntas y a la vez entramos en él, hasta el sitio donde nos colocamos en la postura del principio. Seguras de nuestro trabajo, y ya colocadas, suena un ‘pi’ en el que seguidamente empieza la música del ejercicio.

Y desperté. Desperté de un sueño en el que todo son buenos recuerdos. Estaba metida en una cama, mirando al techo, y sin apenas poder moverme ni expresarme, ¿qué había pasado? Ahí fue cuando realmente empezó el después en mi vida, un gran y duro cambio que tenía que afrontar de la mejor forma posible.

Ingresada ya en la UCI de León, no sabía lo que realmente me venía encima. Me cortaron toda la ropa, y seguidamente me dieron 40 puntos en la brecha de la cabeza. ‘No sabemos exactamente qué es lo que tienes, y si volverás a sentir las piernas, pero haremos todo lo posible para ello. Es una lesión medular con fractura cervical que operaremos urgentemente’, me dijeron. Verdaderamente me asusté, pero en ningún momento me vine abajo, sabía que saldría de ésta.

Cerraba los ojos y me imaginaba con un aro en la mano, y haciendo mi ejercicio que tanto entrené.

Cuando me quise dar cuenta, ya tenía varias vías en mis muñecas y un halo colocado en la cabeza, con el que sí que no me podía mover absolutamente nada. Pasé así todo el día, con visitas de familiares, y un gran cuidado y buen trato por parte de los médicos y enfermeras. Al día siguiente, a primera hora entré a quirófano por primera vez, con ganas de llorar pero también con ganas de que todo pasase.

Cerré los ojos y solo pensaba en cuerdas, aros, pelotas, mazas y cintas volando y rozando el techo del pabellón.

No me acuerdo de nada. Después de 6 horas ahí metida, todo había salido bien. Me alegré mucho, y seguí en la UCI otros 3 días más. Al tercer día todo estaba evolucionando bien, empecé a mover ligeramente la pierna derecha hacia dentro y hacia fuera, lo que fue una gran alegría. Decidieron subirme a planta, donde estuve 10 días con muchas visitas, cariño, y apoyo de todos mis amigos, compañeros de clase, compañeras de gimnasia, entrenadoras y familiares. Con un poco de rehabilitación, la pierna derecha iba moviéndose un poco más y la izquierda empezaba a ello. Aún estaba sin levantarme de la cama.

Volví a cerrar los ojos y esta vez me imaginaba con las mazas en la mano, haciendo miles de elementos que mi entrenadora nos enseñaba.

El 27 de enero, al fin, decidieron trasladarme a Toledo, al Hospital Nacional de Parapléjicos, pues sería el mejor sitio donde podía estar. Llena de nervios pero a la vez con muchas ganas al decirme que estaría en la planta de niños. Desde el primer momento me acogieron encantados, muy atentos y llenos de cariño. Hicieron todas las curas y exploraciones necesarias. A los pocos días me fueron levantando poco a poco, hasta que conseguí levantarme sin marearme y empezar con la rehabilitación. Fui conociendo a la gente de la planta, y cada vez me sentía más a gusto y animada, la cuenta atrás empezaba. Cada día que pasaba todo eran mejorías, con ganas de trabajar y evolucionar, con muchas risas y siempre buen humor. Nunca perdí la sonrisa de mi cara.

Cerré los ojos y esta vez tenía una pelota en la mano, y al son de una música española, me veía haciendo mi ejercicio una y otra vez.

Un día, cuando parecía que todo iba hacia arriba, ‘tenemos que hacer una segunda intervención para fijar bien las vértebras dañadas’, me dijeron. Sentí miedo, pero debía hacerlo.

Ahora después de dos meses y recién operada, puedo decir que me siento feliz. Ahora sí que empezaba de verdad la cuenta atrás. La herida va cerrando, vuelvo a rehabilitación, empiezo a andar y poco a poco todo mejora, pero sin forzar. Ahora todo se trata de paciencia.

Tumbada en la cama, cierro los ojos y pienso lo que era el motor de mi día a día, la gimnasia rítmica, ese deporte que para mí lo ha sido todo. Pienso y recuerdo ese día, ese sueño, el gran día donde ya colocadas en la postura del principio, empezamos el ejercicio, elemento tras elemento que tanto hemos trabajado. El pabellón lleno de gente, el frente del tapiz lleno de jueces que analizan cada movimiento que hacemos, y en una esquina nuestra entrenadora, abrazada a su crucifijo que besamos antes de competir. Empezamos bien, las cosas nos iban saliendo y terminamos mejor aún, sin un solo fallo. Emocionadas, salimos corriendo a abrazar a nuestra entrenadora. Los pelos de punta. No pudimos evitar que alguna lágrima cayese. Esperamos la puntuación, y fue realmente buena, hemos quedado primeras. Colocadas en fila para el desfile, vamos al medio del tapiz donde oímos, “Y primeras clasificadas y campeonas de España, el Club Ritmo de León.” La gente nos aplaude, y los gritos son notables. Nos subimos a ese primer peldaño, y ya con la medalla colgada al cuello, podemos decir que realmente somos campeonas de España.

Después de todo, sé que voy a volver a mi sueño, a mi vida. Ha sido un gran bache, pero puedo decir que me ha dado una lección de vida, lo que te hace madurar y ver las cosas de diferente manera. Cuestión de segundos en los que te cambia la vida por completo sin poder hacer nada. Y esta vez sí que cierro los ojos tan fuerte, que sólo me veo entrenando a niñas, mejorando, sufriendo a su lado y enseñándolas lo mejor de mí. Ahora ellas serían el motor de mi vida.

II Concurso Literario Linde en el Hospital Nacional de Parapléjicos (Foto: Carlos Monroy)

Entrega del premio modalidad adulto a Andrea Pozo


 

Cosas que nunca te conté
Lesly Janeth

Recuerdo la primera vez que te vi en el Aeropuerto de Madrid con mi madre y no pensé que te convertirías en lo que más amo en esta vida, incluso más que a mí misma.

Perdí mi maleta de la emoción al verte, y cuando me dejaron sola contigo, ni idea tuve de cuidarte ya que en 30 minutos terminaste lleno de chocolate.

A pesar de que no tenía ni idea de cambiar un pañal y después de pasarlo un poco mal, logré cambiarlo. Además, también te acompañé en tu primer paseo en cochecito y estuve ahí al darte tu primer biberón.

Eras tan adorable cuando sonreías, con tus grandes cachetes y asomaban tus pequeños dientecitos. Lo que más me emocionó fue que aprendieras a bailar antes de que ni siquiera gatearas ni caminar.

Además te balanceabas de un lado al otro al ritmo de la música, incluso sin ella, no comías ni dejabas de llorar. Esto, el amor por la música, lo llevas en la sangre como yo.

Me sorprendí tanto cuando gracias a un globo aprendiste a gatear y después no parabas de hacerlo por toda la casa rompiendo cosas.

Con el paso del tiempo empezaste a caminar y a hablar. Creciendo tan rápido que ahora tienes ocho años.

Hace un mes todo en nuestras vidas cambió a causa del destino o tal vez a las pruebas que nos pone la vida a diario, ahora eres muy pequeño para entenderlo incluso yo tardé en entender lo que estaba pasando, por qué tengo tantos médicos a mi alrededor, por qué vivo en un hospital y así un millón de preguntas más rondarán tu cabeza. Pero cuando crezcas más, lo entenderás y yo estaré a tu lado pasando cada prueba contigo.

Ahora me parte el alma el hecho de que no estás junto a mí, que no te veo reír o acostarte en mi cama para dormir sin antes ver las estrellas desde la ventana.

Me haces falta, no te imaginas cuanto; pero querido hermano, tú me visitas de noche en mis sueños, vienes a mí, me abrazas y me despierto. Estamos lejos, en países diferentes y ya no puedo verte, pero tus recuerdos siempre están presentes en mí ¡No sabes cuánto te extraño! Incluso a veces, me parece oír tu risa…

Sé que juntos no existe la tristeza, mientras pienso en ti, mirando nuestras fotos, necesito tus palabras, tus abrazos, tu voz y tu sonrisa pero no puedo hablar con los recuerdos. Pero no puedo reír ni hablar al pensar en nuestros recuerdos.

Y la verdad, es más duro esto sin ti.

Después de tanto dar vueltas a mis pensamientos y a mis recuerdos he llegado a la conclusión de que te amo y valió la pena estar ahí para nuestra felicidad aunque esté sin ti.

Dedicado a mi hermano, mi mayor motivo de superación día a día.

II Concurso Literario Linde en el Hospital Nacional de Parapléjicos (Foto: Carlos Monroy)

Entrega del premio modalidad infantil a Lesly Janeth

 

Álbum de fotos de la entrega de premios  (Recomendado Google Chrome)

 

II Concurso Literario Linde en el Hospital Nacional de Parapléjicos (Foto: Carlos Monroy)

Fotos: Carlos Monroy//HNP